La mano del oso
En 2007, según publicó la revista "Molecular Ecology", se realizó un completo estudio de la mano del oso pardo clavada en la puerta de la iglesia de Navacepeda de Tormes. En dicho estudio participaron científicos del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos dirigido por Juan Luis Arsuaga, detallándose las dataciones y los análisis de ADN mitocondrial de muestras de osos europeos de hasta 18.000 años.
Dicho estudio demuestra que durante las glaciaciones hubo un flujo continuo de genes en las distintas poblaciones de osos del sur de Europa, pero incluye datos de ejemplares más recientes como el de Gredos. La datación con carbono 14 indica que la garra data del año 1600 con un margen de error de 40 años.
La última cita conocida hasta ahora de osos pardos en el Sistema Central la recoge el historiador Gonzalo Argote de Molina en el "Discurso sobre la montería" de 1582, donde narra como siendo príncipe Felipe II, -y por tanto en fecha anterior a su coronación en 1556-, el monarca mató un oso "de un arcabuzazo" en las proximidades de El Monte de El Pardo, en Madrid. Por lo tanto, como la datación de la mano de oso de Navacepeda se aproxima a esas fechas, es probable que el ejemplar al que perteneció pudiera haber sido uno de los últimos osos del Sistema Central. En la colección de tejidos y ADN del Museo Nacional de Ciencias Naturales también se conserva una muestra de esta garra.
En el Libro de Montería de Alfonso XI, escrito a mediados del siglo XIV, se indica que las gargantas de Gredos "son un buen monte de oso en verano" y se citan algunos lugares cercanos a Navacepeda, donde existen además algunos topónimos que hacen referencia a los osos, como Polvoroso, Fuente la Osa o Raigoso.
Por otro lado, el premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway menciona una mano de oso en su novela 'Por quién doblan las campanas', donde uno de los personajes, Anselmo, comenta: "En la puerta de la iglesia de mi pueblo había una pata de oso que maté yo en primavera". Hemingway visitó la Sierra de Gredos durante el mes de junio de 1931 y es probable que supiera de la garra, ya que en una carta dirigida a su amigo John Dos Passos señala, entre otros detalles, la presencia de cabras salvajes en estas montañas, así como truchas, lobos y "una garra de oso clavada en la puerta de la iglesia".
Hasta el momento no se ha encontrado ningún documento escrito que informe sobre la historia de esta mano, que recientemente los vecinos han protegido con una placa de metacrilato. Según una leyenda local se trata de la ofrenda presentada por un segador, a Dios o a algún santo, en agradecimiento por haber salvado la vida tras el ataque de un oso, al que "valientemente" logró vencer con su guadaña.

